Gracias al nombramiento de Cataluña como Región Mundial de la Gastronomía 2025 hemos conocido rincones, gentes, paisajes e ingredientes sin parangón a lo largo de sus cuatro provincias.

Barcelona no requiere presentación, pero sí merece redescubrirla con otros ojos, porque allí se encuentra el epicentro de la sostenibilidad y la creatividad culinaria catalana, donde más estrellas Verdes y Michelin hay; y entre otros multipremiados, Disfrutar, el mejor restaurante del mundo de 2024 según The World’s 50 Best Restaurants, ejemplo del equilibrio perfecto entre técnica, innovación y emoción.

A unos 40 km al sur de la Ciudad Condal está la tradición vitivinícola del Penedès. Entre viñedos y masías, la tierra, el clima mediterráneo y la pasión de sus elaboradores se traduce en burbujas llenas de identidad -como las de la emblemática bodega familiar Celler Kripta con su inconfundible botella con forma de ánfora.

En platos que saben a temporada -y pueden disfrutarse en restaurantes como Casa Nova de Andrés Torres, quien rememora sabores de infancia, reinterpretando ingredientes sencillos (todos de kilómetro 0), incorporando creatividad, estética y una presentación cuidada-;


Y en bucólicos hoteles para desconectar del mundo, como Mastinell Hotel.

La Agència Catalana de Turisme propone recorrer cada rincón con un viaje sensorial a través de gustos, territorios y tradiciones desde el portal Som Gastronomía (https://somgastronomia.cat/es/) y sin duda este sabe a alta cocina, burbujas y territorio.
